martes, 18 de febrero de 2014

El sueño va sobre el tiempo

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
(...)
El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
(...)
Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.

martes, 21 de enero de 2014

Alba de mi silencio

En ti me he silenciado... 
El corazón del mundo 
está en tus ojos, que se vuelan 
mirándome. 

No quiero levantarme de tu frente fecunda 
en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma. 

Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros. 
Me voy muriendo en mis años de angustia 
para quedar en ti 
como corola recién en brote al sol... 

No hay una sola brisa que no sepa mi sombra 
ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo. 

¡Canción silenciada de plenitud! 
En ti me he silenciado... 

La hora más sencilla para amarte es ésta 
en que voy por la vida dolida del alba.

lunes, 16 de diciembre de 2013

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Herido, como el que promete demasiado o el que espera demasiado

   Ya en mi alma pesaban de tal modo los muertos
futuros que no podían andar ni un solo paso sin que
   las piedras revelaran sus entrañas.
(…)
La noche se desploma por un exceso de equipaje secreto.
Alabad a la chispa que electrocuta las huestes y los rebaños.
Un hombre y una vaca perdidos.
   ¿Qué nuevas desventuras esperan a las hojas para 
   este otoño?
Mi alma no puede ya con tanto cargamento sin destino.
El sueño para preservarse de las lluvias intenta una
   Alquería.
Anteanoche no aullaron ya las lobas.
   ¿Qué espero rodeado de muertos al filo de una
   madrugada indecisa?

(De Sermones y moradas)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

lunes, 4 de noviembre de 2013

En la doliente soledad del domingo...

Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.

Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.

Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.

Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.

Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.

Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.
G. Belli