Ninguna espera es demasiado larga,
ninguna promesa es demasiado jactanciosa.
lunes, 16 de diciembre de 2013
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Herido, como el que promete demasiado o el que espera demasiado
Ya en mi alma pesaban de tal modo los muertos
futuros que no podían andar ni un solo paso sin que
las piedras revelaran sus entrañas.
(…)
La noche se desploma por un exceso de equipaje secreto.
Alabad a la chispa que electrocuta las huestes y los rebaños.
Un hombre y una vaca perdidos.
¿Qué nuevas desventuras esperan a las hojas para
este otoño?
Mi alma no puede ya con tanto cargamento sin destino.
El sueño para preservarse de las lluvias intenta una
Alquería.
Anteanoche no aullaron ya las lobas.
¿Qué espero rodeado de muertos al filo de una
madrugada indecisa?
(De
Sermones y moradas)
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Espera
Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.
Y tú me dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.
Y tú me lo dices que estás tan hecha
a esta deshabitada cerrazón de la carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
lunes, 4 de noviembre de 2013
En la doliente soledad del domingo...
Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sábanas solitarias
de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos;
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia mi mismo centro,
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y sólo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.
G. Belli
sábado, 26 de octubre de 2013
Amor eterno
Te amé de tantas maneras y de tantas formas,
de vida en vida, de época en época,
Siempre…
Mi corazón hechizado,
hizo una y otra vez un collar de canciones
que tomaste como un regalo
y usaste alrededor de tu cuello,
a tu modo y de tantas formas,
de vida en vida, de época en época,
Siempre…
Donde quiera que escucho
las viejas historias de amor,
su antiguo dolor y ese viejo cuento
de estar juntos o separados,
me detengo y una y otra vez
miro al pasado y al final de todo,
emerges tú
revestida con la luz de una estrella polar,
traspasando la oscuridad del tiempo,
y te conviertes en una imagen
que recordaré por siempre.
Tú y yo flotamos aquí,
en la corriente de un corazón lleno de amor
de uno por el otro.
Jugamos al amor
al lado de millones de amantes,
hemos compartido la tímida dulzura
del primer encuentro,
las mismas lágrimas de angustia
en cada despedida.
El viejo amor,
el que se renueva una y otra vez,
Siempre…
Hoy, este amor está a tus pies,
encontró su morada en tí.
(...)
Rabindranath Tagore.
lunes, 14 de octubre de 2013
¿Eras tu...?
¿Eras
tú la boina gris
de aquel poeta?
¿Eras
tú la diva
que quería ir al cielo
pero no quería morir?
El
tiempo es un espejismo indeterminado.
Te
contemplo aún más radiante.
¿Eras
tú así? O es cosa mía.
Me
acosté con tu servilleta
dedicada
bajo la almohada.
Amanecí
impregnado de ti,
tu
aroma y tu pena.
¿Eras
tú la mirada infinita
de la belleza ?
¿Eras
tú el santuario en el
camino de mis monjes?
Mala
idea confiar en el amor sin vacilar.
Nos
volvimos viejos y gandules.
Me
retiré a un huerto
Cultivando
mi libertad
me
hice agricultor de la insurrección
Tu
eras la mujer de piernas tangentes
la
de la boca de ciruela, ¿verdad?
Viajaste
a América, norte y sur
Me
has traído un recado:
“¡Dispara,
idiota!”
Creo
en el sexo zafio
en
el dios misericordioso
en
ti y en mi
¿Eras
tu aquella niña
morena y ágil de Neruda?
¿Eras
tú la Jarifa de Espronceda?
Sí,
siempre te encantaron las orgías.
Tu
eras la gitana
de
la generación del 27,
la
ventana del edén
donde
el numen
toma
forma de flor
A
mí no me confundes.
He
sido el polizón
de
tus sueños más profundos,
la
vagina de tus noches más salvajes
Por
eso lloro, lloro, lloro.
Éramos
ceniza al viento,
Un
día soleado, y la noche más cerrada
Un
cuerpo de mujer
con
alma de hombre, tu
y
cuerpo de hombre
con
alma de mujer, yo.
¿Qué
queda de mí en ti?
No
hables, conozco tu vocabulario
Muestramelo
con tatuajes
¿Eras
tú la que dice la gente
que ahora eres formal?
¿Eras
tú aquella camarera del Titanic?
¿O
la mujer del ascensor del Chelsea Hotel?
No
se, te veo tan joven y tan bella
Tan
cansada y tan triste
Que
mis versos no me gustan
Del
todo a mis poemas
¿Tan
hundida estás?
Es
una tarde marrón
Encendamos
unas velas
Perfumemos
el peste
de
las ideas quemadas.
Mi
espíritu remolón
y
tus manos laboriosas
Yo
con tu guitarra
y
tu con mi flauta
No
somos más.
Todo
se simplifica a este acto
hoy
y siempre
No
nos queda argumento, ni guion
Nuestros
cuerpos inmateriales
han
sido prostituidos en demasía
Es
el precio de la brillantez
Buscando
calor y recuerdos
entre
tus nalgas y pechos
No
más besos proscritos
en
nuestras vidas.
Caminamos,
al fin,
descalzos
hacia el altar de la eternidad
y
juntos.
Tu
exorbitante belleza en mis pupilas
mis
manos recorriendo
tu
aura de celeste fuerte.
Tras
innumerables caos en nuestras vidas
la
piel se confunde con el asfalto,
nuestros
corazones atrofiados
se
compadecen mutuamente
¿Eras
tú la mujer de tan alta alcurnia
que no conocía hombres, sólo nombres?
¿Eras
tú la loba devoradora
de mis mejores amigos?
¡Por
favor!
Dime
que sí.
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